Pisando el acelerador por Ángel Ruiz Cediel

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Julio 2012 La Tierra se está descomponiendo al mismo tiempo que las sociedades.

No hay mayor ciego que el que no quiere ver. Las sociedades se descomponen a ojos vista por causa de la codicia de unos pocos y de un sistema económico basado en las grandes y rápidas ganancias sin importar nada más;

en el orden internacional se va desmoronando aceleradamente la situación, amenazándose ya las potencias más peligrosas del planeta con líneas rojas infranqueables para los adversarios, movilizaciones de ejércitos, amenazas de agresión y acusaciones de terrorismo; y, al mismo tiempo, el planeta muestra signos evidentes de precipitación hacia un escenario escatológico, no sólo con el derretimiento de la práctica totalidad de los hielos de Groenlandia -¡¡¡en sólo cuatro días!!!-, sino también con esas islas de excrementos y basuras industriales que se forman en los grandes océanos y que han dado en llamar el Séptimo Continente, con la exagerada contaminación radioactiva que está produciendo –aún- en Fukusima, convirtiendo a los océanos en un estanque tóxico para cualquier clase de vida y en el que la fauna marina está experimentando sorprendentes mutaciones a la vez que toda ella tiene ya un grado de toxicidad peligroso para el consumo, y por el anormal comportamiento del clima, oscilando entre calores insoportables nunca antes vistos en una latitud e inundaciones incompresibles en otras. Todo el orden, en sí mismo, parece en pupación de un cambio que no pinta nada bien.

No hace mucho, apenas unos meses, escribí un artículo que titulé “Anomalías cósmicas”, el cual ha sido reproducido en multitud de medios de todo el mundo. En este artículo avisaba de que se estaban produciendo fenómenos que no tenían nada de naturales no sólo en nuestros planetas más próximos y el mismo Sol, sino en esa inmediata Luna que podemos observar a ojo desnudo casi cada noche. La Tierra, por supuesto, no sólo no es ajena a esto, sino que probablemente está sufriendo las mismas influencias, y pudiera ser que todas ellas tengan que ver con un cuerpo cósmico que los está afectando a todos los cuerpos celestes de nuestro Sistema Solar debido a su elevado campo gravitacional y/o electromagnético. No soy astrónomo, sino escritor; pero tengo la inquietud permanente de tratar de comprender lo que no entiendo y de informarme siempre sobre aquello que ignoro, y lo hago siempre bebiendo de distintas fuentes, a menudo contrarias por sus intereses. Miro la Luna, y compruebo que no se comporta como debiera. Ya dije en aquel artículo que mencionaba antes, que para que su cuarto creciente tenga forma de U –esta lunación está siendo bastante normal a este respecto después de muchos meses-, unido al hecho de que su movimiento de libración (cavitación) es exagerado, pudiéndose apreciar posiciones próximas a 40º de variación respecto de lo que sería normal, indica que en lo observado (la Luna) o en el observador (la Tierra), hay algo que no está bien. Poco importa lo que digan los astrónomos oficiales, porque lo puede ver cualquiera, y, si tiene edad suficiente, ya la ha visto miles de veces en todas las posiciones normales, y últimamente es indiscutible que no las tiene. Este fenómeno puede deberse a dos cosas solamente: a que la Luna haya variado o varíe su eje de rotación, o que la que lo hay variado o lo varíe sea la Tierra. La observación, adempero, indica que es bastante más probable que lo haga la Tierra mejor que la Luna (aunque también lo haga), porque tampoco las constelaciones están en su sitio habitual. En estas noches de verano me gusta estar hasta altas horas de la madrugada pensando y observando el cielo, y desde antiguo tengo cierta predilección por Casiopea. Ésta suele constelación suele estar en estas fechas en la vertical de mi jardín, y allá para las tres o las cuatro de la mañana, hora en la que suelo acostarme, suele encontrarse justo en el cénit…, o solía, para ser más exacto. Ahora mismo, en estos días, está muy al noreste, cosa particularmente extraña porque las constelaciones no suelen tener manías ubicuitarias. Por otra parte, dicen ahora que en cuatro días se ha derretido la práctica totalidad de los hielos de Groenlandia, y esto tiene su lógica, porque si tal cosa es cierta, y lo es, parece que encaja perfectamente con mi teoría de que la Tierra está inclinada en su eje de rotación hacia el sur en aprox. 40º, lo que facultaría que Groenlandia recibiera con absoluta verticalidad los rayos solares y, en consecuencia, el incremento de radiación y térmico posibilitara este efecto. Encaja, en fin, como un anillo al dedo. Por otra parte, la migración del polo magnético de la Tierra está siendo particularmente acusada últimamente, adquiriendo una velocidad nunca antes vista. Aten hilos.

Cosa curiosa ésta, porque este desorden cósmico parece que se replica en la Tierra. No voy a redundar ahora en la situación de Oriente Medio, donde están concentradas la práctica totalidad de las flotas de guerra de casi todas las potencias en el Golfo Pérsico, o donde la situación de Siria se puede ir de las manos de un momento para otro, de modo que sin comerlo ni beberlo podamos pasar de la paz a la guerra en unos instantes, porque ahí tienen metidas sus garras todas las potencias. Los rumores sobre acciones que pudieran desembocar en un conflicto generalizado durante estos Juegos de Londres, están al alcance de cualquier en Internet, y todas las espadas están en lo alto, no siendo pocos los que ven en esto la salida habitual de situaciones de crisis como las que vive Occidente, y hasta quién sabe si una medida eugenésica de la elite para reducir la sobrepoblación del planeta. Lo veremos, sin embargo, en nada más que unos días.

Lo que sí me llama mucho la atención, es que al mismo tiempo que el Ministro español de Asuntos Exteriores dice en Perú que España está en vísperas de “un cambio de modelo en el Estado Central” (configuración del Estado), el Presidente, Mariano Rajoy, constituya un Departamento de Seguridad Nacional para, según dice el BOE (Boletín Oficial del Estado), tratar asuntos de emergencia nacional, tales como desastres naturales, conflictos internacionales o situaciones catastróficas. Hilan esto, ¿verdad?… Pues si no lo hacen, vayan atando cabos.

Los rumores de golpe de Estado en España son enormes, y en este sentido la cúpula del Ejército está advirtiendo a los sindicatos militares y a la tropa en general contra las manifestaciones y comunicados que están haciendo. La economía de España no puede ser más catastrófica e irresoluble, la agitación social es dramática y el horizonte que se prevé es todavía mucho, muchísimo más negro. Algo que, curiosamente, se está contagiando a otras sociedades y países, pudiéndose prever un estallido social generalizado en cualquier instante. Basta la chispa de una víctima en esta santabárbara, para que todo salte por los aires.

No vivimos, pues, tiempos de bonanza, y las nubes que se acumulan en los distintos horizontes no pueden ser más pavorosas. Alguien ha pisado el acelerador del tiempo, tal y como anuncié, y todo el orden, nacional, internacional y cósmico, se está yendo de las manos. No se trata sólo de que la sequía de EEUU vaya a favorecer un encarecimiento dramático de los alimentos a partir de los próximos meses, sino que los mares y océanos están tan contaminados que el pescado es tóxico tanto individualmente como por acumulación reiterada de ingestas, de modo que se cierran importantes puertas al sostenimiento de la humanidad como conjunto, y, en esta tesitura de crisis extrema, todas las opciones, como les gusta repetir a la elite, están abiertas, incluso a lo más descabellado.

Las alarmas a todos los niveles, tanto en el orden social como en el cósmico, ululan a toda potencia. En los próximos meses tendremos una visión más clara de las consecuencias del deshielo de Groenlandia (y alrededores) y las consecuencias sobre el clima general que esto comportará, pero pudiéndose deducir ya que tanto las sequías extremas de algunos países como EEUU y las inundaciones extremas de otros pudieran tener mucho que ver con esto. Cuestión de lógica aplicada. Todo ello, unido a la migración alarmante del eje magnético de la Tierra y a su potencial cambio en su eje de giro, como comenté antes, pudieran ser el preludio de un réquiem por la humanidad. Cuanto sucede en la Tierra, pues, no es sino un reflejo de cuanto sucede en el cielo. Ya saben: así en la Tierra como en el cielo.

Fte:http://www.angelruizcediel.es

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