Del mayo del 68 al 25S por Ángel Ruíz Cediel

Las revoluciones pacíficas fracasan siempre por la falta de estrategias y de liderazgo.

El Mayo Francés comenzó con una revuelta estudiantil que se extendió por toda Francia empujada por la bestialidad policial y las maneras de un gobierno democrático que de demócrata no tenía nada.

Pronto, se sumaron a las protestas los sindicatos y hasta la pequeña parte ciudadana de la Policía –siempre mínima como corresponde a quienes viven del uso de la violencia-, propiciando que el lema “La utopía al poder” tuviera una opción de materializarse.

El Gobierno, asustado por la contestación social a sus desmanes, huyó de Francia, y los movimientos sociales pudieron ocupar el poder. Sin embargo, ¡oh, sorpresa!, la utopía seguía siendo eso: ni disponían de líderes capaces de implantar las ideas que habían coreado en las calles millones de personas, ni siquiera contaban con una rudimentaria estrategia que condujera a implantar algo nuevo, estableciéndose el fracaso en su dimensión más escatológica. Tan fue así, que los movimientos que destituyeron al gobierno no tuvieron otra que llamarlo de vuelta del exilio y aceptar que todo había sido una chiquillada, una rabieta o, lo que es peor, una estupidez. El Movimiento Hippy fue sin lugar a dudas el referente más hermoso de la década más prodigiosa de la humanidad contemporánea. Los jóvenes de todo el mundo, principiando por Occidente, asumieron una nueva forma de vida desde el punto de vista práctico, no protestando contra la sociedad, sino sencillamente inventándose otra, saliéndose del Sistema y viviendo sus propios sueños en una realidad paralela, ajena pero real que puso al mismo Sistema mundial contra las cuerdas de su propia supervivencia.

No tenían programa ni líderes, sino que sólo estaban hartos de que los pueblos se pasaran la Historia matándose entre sí para beneficio de unos pocos, y convirtieron en un hecho su “haz el amor y no la guerra”, precisamente esa generación de huérfanos que alcanzaba el esplendor de la juventud después de la más cruenta guerra que vieron los siglos, en la que millones de seres fueron ajusticiados para que todo siguiera exactamente igual que siempre: controlado todo por una elite. Pero el Movimiento Hippy murió de inanición, corrompido desde dentro por el propio Sistema, el cual inyectó la destrucción en alucinantes dosis de psicotrópicos, precisamente por carencia de liderazgo y por una total ausencia de estrategia.

En el mundo actual está pasando exactamente lo mismo. Las sociedades saben que las democracias que viven son una falacia que sirven a los intereses de una elite sin escrúpulos, que los gobiernos no gobiernan nada, sino que son servidores de intereses que ni siquiera son públicos, que la corrupción es un mal endémico y que por el camino que vamos sólo se puede llegar a la miseria más profunda y la destrucción de todos los logros obtenidos por las sociedades en siglos de lucha, sencillamente porque ese poder esclavista que controla el mundo promueve guerras como negocio y maneja países como intereses, forzando mediante arteras leyes que las sociedades asuman los insoportables costos de su latrocinio y de su corrupción.

La situación ha llegado a ser tan crítica y los daños tan profundos, que no pocos descontentos se han echado a las calles protestando contra este abuso del poder, como si eso fuera algo nuevo o novedoso. No me imagino ningún movimiento que pueda levantar más simpatías que el Movimiento 15M o el Rodea el Congreso, y sus pares de todos los demás países, al menos por cuanto representan un sentir absolutamente mayoritario de los ciudadanos –vayan o no a las concentraciones-, del hartazgo que sienten las sociedades hacia sus corruptos gobernantes y del profundo rechazo que experimentan porque les fuercen a pagar en base a hambre y miserias los robos y latrocinios de otros.

Sin embargo, todas estas loables intenciones y estos generosos sacrificios de quienes ponen su integridad física y aún su libertad en juego en el sagrado nombre del bien común –ya lo he dicho muchas veces-, está condenada al fracaso de antemano por las dos razones de siempre: falta de liderazgo creíble y ausencia total de estrategia. Pongamos por caso que, efectivamente, este movimiento de Rodea el Congreso, o aun el conjunto de asociaciones y movimientos de indignados que conforman la actual geografía española o aún mundial de descontentos lograra cerrar el Parlamento y poner en fuga a este indeseable gobierno al servicio no de la ciudadanía sino de intereses extranjeros, de los tiburones interiores y exteriores (banca, financieros, etc.) y aún de la corrupción (¡ni un solo condenado por los innumerables casos de corrupción política!). ¿Y, entonces, qué?… Pues la respuesta sería la misma del Mayo Francés: nada, tendrían que llamar de vuelta al gobierno porque ni hay liderazgo ni una estrategia que contemple unos planes susceptibles de ser implantados. Darían palos de ciego, entretanto se establece el desorden social, y el caos subsiguiente nos conduciría, empujado por aquella elite resentida y perfectamente organizada, a un enfrentamiento civil de dimensiones inenarrables.

Ya pasó con la II República, para quien no tenga memoria. No soy quién para dar lecciones de ninguna clase a nadie; pero desde la autoridad que me concede el ser un racional observador independiente y el de ser el único que yo sepa que, con mayor o menor atino, haya desarrollado un sistema alternativo que es viable (la Deontrocracia) cuya síntesis constitucional es de libre acceso en mi web, animo a estos grupos a constituirse en una alternativa real y dejar a un lado los delirios sin sentido de aunar indignados como remeros que bogan sin criterio en cualquier dirección, consiguiendo entre todos que el proyecto quede varado en la nada. Deben, si quieren tener una sola oportunidad, aunar objetivos, formalizar un programa, elegir líderes con capacidad de llevar a buen puerto las propuestas –supuesta situación que alcancen el poder- y constituirse en un partido. Al Sistema, no queda otra, hay que vencerlo desde el Sistema, si es que no se quiere usar la violencia radical, tal y como parece que es el camino que han elegido. Una vez vencido y derrotado el enemigo, ya se cambiarán constituciones, forma de Estado y maneras de repartir Justicia.

Lo que no sea esto, sencillamente no tiene oportunidad alguna de ser. “Mansos como palomas y astutos como serpientes”, dice Jesús, en buena manera señalando con todo acierto el camino. “La inteligencia es la capacidad de estrategia del individuo”, reitero por mi parte una vez y otra en mis escritos. Es tan pútridamente corrupta la sociedad actual y tan perversa en su métodos, que movimientos de esta índole como 15M o 25S, o cualquiera de los muchas agrupaciones de indignados, tienen todas las papeletas, si se consolidan como Partido, arman un programa coherentemente revolucionario y cuentan con el liderazgo adecuado, para echar para siempre del poder a esta manga de incompetentes y corruptos, y reconfigurar un orden social más justo y equilibrado. Pero deben considerar, desde luego, que sus adversarios están muy organizados –llevan milenios en eso- y que no se lo van a poner fácil, que cuentan con las dos P –policía y políticos-, que no juegan limpio –nunca lo han hecho- y que van a maniobrar desde fuera –antidisturbios y jueces- y desde dentro –infiltrados-.

El planteamiento para la victoria, en fin, es fácil, pero el camino para llegar a ella va a ser muy duro, aunque muy factible de poder ser coronado con éxito. Deben, pues, concentrar esfuerzos y definir con mucha agudeza tanto las estrategias para alcanzar ese poder como para ejecutar después los planes de implementación de las reformas planeadas, al tiempo que se dotan de la organización estratégica suficiente como para defenderse de las agresiones y maniobras de sus adversarios. Nada imposible si se tienen las ideas claras, pero sencillamente inviable por el camino que van. Desunidos y con protestas absurdas que van a ser manipuladas por los mercenarios infiltrados, los medios oficiales y por la misma policía al servicio de los políticos, jamás llegarán a nada, tal y como sucediera con el Mayo Francés, con el Movimiento Hippy, con el Movimiento Indignado o como sucede con los actuales movimientos.

Sólo servirán para ser demonizados socialmente, impidiendo que verdaderos movimientos con luces suficientes tengan una oportunidad de materializar las reformas necesarias e implantar una realidad nueva y justa. Y, por el camino, entretanto, dejarán a centenas de sacrificados inútilmente en unos movimientos que ya se sabían que no iban a ninguna parte. A ninguna.

En la unión está la fuerza y la inteligencia en la capacidad de estrategia.

Fte:http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/89486/del-mayo-del-68-al-25s

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