Fuego y Frío por Ángel Ruiz Cediel

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En la dicotomía humana, los fuegos y los fríos forjan el carácter del alma.

Vivimos días difíciles. La crisis encoge muchos ánimos; la situación internacional es un traje tan ajustado, que la más ligera presión sobre cualquier parte del planeta puede hacerle saltar todas las costuras; la incertidumbre sobre el futuro es atroz; e incluso muchos, sufriendo en sus carnes las consecuencias de los hurtos ajenos o de los propios desvaríos de la codicia, están atravesando momentos críticos. Ante las situaciones extremas en que nos están poniendo las circunstancias, no son pocos los que optan por intentar escapar a todo trance, y su angustia les conduce irracionalmente a considerar como viables soluciones sin retorno que solamente empeoran, y mucho, las cosas. Matar o suicidarse, lamentablemente se ha convertido en una noticia cotidiana, en buena medida porque la sociedad es incapaz de ofrecer otras posibilidades ante la desesperación, o de mostrarles a los que sufren que su situación crítica es, a la vez, una posibilidad enormemente positiva de cambio. Sin sufrimiento no hay gloria.

 

Hubo un hombre que siempre quiso ser soldado, y lo fue; pero le hirieron en la batalla y quedó lisiado para siempre. Cautivo, pensó y combatió consigo mismo durante algunos años, y cuando fue liberado, decidió aprovechar su conocimiento para emprender otro camino que le sirviera a su país para mantener su gloria. Rogando, y a veces sirviéndose de las influencias de parientes y conocidos, y aun exhibiendo sus heridas de guerra como mérito, consiguió hacerse con un puesto de inspector de Hacienda, pero se encontró con que a quienes debía cobrar solían ser gentes que apenas si les alcanzaban para sobrevivir. Viendo que el Estado dilapidaba los dinerales que recaudaba en guerras expansivas y que la nobleza gozaba de una vida promisoria mientras el pueblo malvivía, su modo de pensar varió, comprendió a sus prójimos los humildes y perdonó muchas deudas. Dos veces, por esta causa, dio en prisión con sus huesos. Lisiado y sin trabajo, escribió, que era lo que se podía hacer cuando se tenía hambre y no se podía emplear en los oficios que deseaba. No mató el hambre, e incluso como escritor, recibió toda suerte de insidias y hasta le acusaron de ser hereje. Algunos escritores le envidiaron, otros le plagiaron, y los demás le difamaron. Pasó hambre, e incluso tuvo que malvender la biblioteca de su padre para poder sostenerse, y un día, harto de la sociedad y sus injusticias, se metió a fraile franciscano. El mismo día que debía recibir las órdenes mayores y que debía cantar misa, murió solo, pobre y desconocido para sus contemporáneos. Les hablo de Miguel Cervantes Saavedra, autor, entre otras muchas obras, de El hidalgo caballero don Quijote de La Mancha.

Si Cervantes es nuestra tesis, podríamos poner como antítesis a cualesquiera de los millones de casos de indolentes, incapaces, frikis o absurdos modelos sociales que dominan nuestro tiempo como modelos,  porque nos serviría cualquiera de ellos o todos, ya sean cantantes, famosos porque sí, hombres de negocios, políticos o incluso miembros de la realeza. No importa, porque no son nadie, no dejarán sobre el mundo ni una ligera sombra que merezca ser recordada por nadie, sencillamente porque no aportan nada. Se apagarán los focos, se acallarán los aplausos, se repartirán sus ropas y se hundirán en el olvido. Fueron un viento leve, una brisa, una nada.

Nuestra síntesis, en consecuencia, es la importancia de la obra realizada. Pero la obra, los actos, son consecuencia de lo que se piensa… y se piensa en consecuencia de lo que se experimenta. Cervantes fue como ese perrillo callejero que no tiene raza de nobleza pero es muy vivo e inteligente. En su desafortunada existencia, fue acumulando sin saberlo experiencias y fue aceptando su suerte, la pérdida de su brazo, primero, y su encarcelamiento, después. Y un día, cuando reflexionó sobre todo ello, comprendió que su acervo era enorme, que la vida le había mostrado sus cartas, supo leerlas y lo transmitió a sus semejantes en forma de arquetipos de tal potencia que, después de la Biblia, es el autor más importante del mundo. Cervantes no hubiera podido ser jamás lo que fue sin los fuegos que le abrasaron —sus experiencias—, pero tampoco sin sus fríos —sus reflexiones—. Fue al fundir ambos cuando comprendió los entresijos de la vida, y entonces pudo culminar una de las obras más importantes de la historia de la humanidad. ¿Hermoso, verdad?…

La vida nos ofrece a todos muchos fuegos y muchos fríos, momentos de desesperación y sufrimiento, y momentos de reflexión y asimilación. Es aquí, en la forma de apreciar unos y otros, como el hombre evoluciona y se eleva… o cae. El sufrimiento, el dolor, el infortunio, es la forma que tiene la vida de decirnos algo que quiere que comprendamos, y no mucho más tarde de que nos ha forzado a experimentar, nos ofrecerá el frío de la paz, la quietud para reflexionar y entender, el tiempo para asimilar y madurar… si queremos. No es pues, una desgracia lo malo, sino a veces, si se entiende bien, una oportunidad. Después de la tormenta siempre viene la calma, después de la noche el día, y después de la guerra, la paz.

En mi novela El esplendor de la Miseria, el personaje principal se afana en remediar los horrores del mundo y fundar la Patria del Hombre, un lugar donde no exista el sufrimiento y todos los hombres sean hermanos, hasta que comprende que todos esos horrores forman parte del juego de existencia. Entonces, es cuando sabe dónde se ubica exactamente la patria del hombre, y lo dice de esta forma: “Ante humanae conditionis dubitationem, frigidus ignis vitae firmitatem dat at que animae aeternam revelationem hominis patriae, quae tibi invinienda est…”

Ante las dudas humanas, los fuegos y los fríos de la existencia eternamente le revelan al alma la ubicación de la Patria del Hombre.

Salvo que usted, amigo lector, se considere un bicho fruto de la casualidad cósmica, no tenga la menor duda de que la existencia es un campo de ensayos en los que no hay muchas lecciones que aprender, sino solamente una. Una, nada más. Ni mil, ni cien, ni diez tan siquiera: una. Y de esa única lección que debemos aprender, nos da muestras la vida y la naturaleza en todas las formas y versiones posibles, repitiendo una vez y otra el mismo mensaje. Mire a lo alto, sondee lo más profundo, corra, salte, vuele, sea rico, clase media o miserable, fume, sea virtuoso o pecador, viva en el norte, el sur o el centro, sea blanco, negro o colorado, cristiano, musulmán o judío, ateo, satanista o embaucador, la vida le va a ofrecer un solo mensaje, y para que lo comprenda le va a regalar uno, diez, mil, un millón de fuegos, los que necesite para asumirlo, y después otros tantos fríos. En la fragua de la existencia su alma se pondrá al rojo de dolor, de desesperación o de tristeza, y luego de machacarlo impadosamente el martillo de la lección, entrará en la cuba de templado de la reflexión, de la tranquilidad, de la abundancia… Puede desoírlo y volver a lo mismo, y una vez más volverá la existencia a repetir su mensaje con más dolor, con más sufrimiento o con más tristeza… hasta que comprenda, asuma y viva en esa lección. También para los que creen que son bichos que una vez que mueren, sanseacabó. Nadie escapa a la ley.

En los momentos de sufrimiento es difícil ver el objetivo, como no es fácil comprender el dolor de los demás, darle sentido al sufrimiento universal, entender el porqué de que un niño nazca con un problema o que una criatura de apenas unos años sufra una dolencia atroz. Es difícil salvo que lo contemple desde un ángulo distinto al de tener los pies en el suelo y pensar en el problema en términos absolutos. Véalo desde una dimensión superior, más alta, sin fin, porque el alma, por su propia condición, no tiene fin. La parte de lo infinito, como usted sin duda sabe, es necesariamente infinita. Entonces, si logra verlo así, entenderá muchas cosas.

La realidad humana, por su condición transitoria, es siempre relativa. Pero hay un mensaje en cuanto sucede, nada es porque sí. Los quarks no tienen conciencia, pero algo distinto de la casualidad les fuerza a buscar otros quarks para formar una partícula, y estas partículas se ven obligadas por algo distinto de la casualidad a buscar otras partículas para conformar un átomo, y este átomo, por alguna fuerza distinta de la casualidad, a buscar a otros átomos para formar una molécula, y esta molécula, por alguna razón distinta de la casualidad, buscan otras moléculas para formar… tal vez una proteína, base de la vida. Y la vida, busca otras vidas para formar otra vida mayor. ¿Casualidad?… Dicen los sabios que si fuera por casualidad, para formar la más elemental de las proteínas de la vida, al universo le faltarían cien mil millones de veces la edad que tiene, y aun así sería imposible.

Si usted o yo pudiéramos ver el conjunto del universo —y parecer ser que existen infinitos universos— y se asomara hacia arriba, observaría una infinita variedad de cosas inmensamente grandes, ante las que no somos nada; si hiciera lo mismo asomándose hacia abajo, descubriría otra infinitud de cosas exactamente igual pero hasta lo infinitamente diminuto. Usted y yo, nosotros todos, somos el eje de la creación y estamos en el justo centro. ¿No es bastante prueba como para considerar la importancia de que nada sucede porque sí?… El no entender el clima no implica que el clima no exista, o como decía Benito Pérez Galdós, por más que cante el gallo no es él quien trae la mañana.

Puede que no entienda qué pasa con su vida en muchas ocasiones, pero tal vez debiera considerar que esos fuegos a que le somete la existencia son la forma que tiene de hablar la misma existencia para enviarle un mensaje justamente hecho a su medida. No espere que Dios —si es creyente— hable con palabras, porque solamente con un pensamiento crea cosas, mundos, universos… Si le habla, y lo hace, lo hará con cosas, mundos, universos… o simplemente con situaciones que le convienen y que sabrá entender… si se aplica. Los científicos dicen que vivimos en una mentira, en un universo virtual y que somos algo parecido a una ilusión de ordenador porque nuestros sentidos y nuestro cerebro nos enagñan. Tanto si usted es creyente como si no, participa en el mismo juego y tiene las mismas obligaciones y deberes que los demás jugadores. Es un orden de interferencias en que la partida es un solitario…, por más que sus movimientos les afecten a los demás. Al final, sus movimientos le afectarán a usted y usted obtendrá el resultado de sus propias reflexiones y asunciones.

La comodidad y el bienestar es eso, comodidad y bienestar, pero ni enseña ni se aprende de ellas. Lo quieto está muerto, lo vivo se mueve, y lo que se mueve tropieza. No importa cuán grande sea el tropiezo, algo muestra, esté atento. Cuando se supera ese fuego y llega el frío, se sentirá satisfecho de haber resistido, y si además comprende qué le quiso decir la vida y lo integra en su existencia, entonces habrá subido un escalón y no tendrá que repetir la subida de ese peldaño. Así ascendemos. Al Cielo, no se sube en ascensor. No desespere nunca, nunca, nunca. Y, si llegara a pensar que las fuerzas le faltan, antes de dar un paso equivocado acuérdese de que aquí tiene un hombro donde apoyarse. Jamás dé pasos sin retorno, porque siempre, incluso después de la noche más oscura, termina amaneciendo.

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