Políticos, frikis y satánicos,por Ángel Ruiz Cediel

image

Que penalicen la pobreza unos politicos que ellos mismos la han instalado en la sociedad merced a su corrupción, o consentir que unas dementes proclamen en mismísimo congreso que el aborto es sagrado, no son sino las evidencias de la degenración moral de una sociedad que ha renunciado a su propia redención.
Solía decirse en los años sesenta, cuando comenzaron a aparecer los frikis y otros estúpidos sociales, que los dioses se habían vuelto locos, sin duda refiriéndose a que la conducta humana estaba comenzando a dar un giro tan absurdo que era casi imposible procesarlo desde la lógica. Hoy, cuando la sociedad no parece sorprenderse de nada, porque lo normal en cualquiera de cualquier ámbito que tenga alguna notoriedad es que no sea en absoluto normal, y mucho menos honrado y cabal, queda más calro que nunca que Dios sigue en su sitio de siempe con todas sus características divinas, y que son los hombres los que han tomado los caminos equivocados y se han corrompido de todas las formas imaginables (Libro de Enoc 8:2).

Hay por ahí un grupo de señoras con severos trastornos espirituales, las cuales han cegado sus almas de tal manera que se congracian en ofender intencionadamente a cualesquiera otros seres humanos que tengan algún credo —excepto a los islámicos, en cuyos países ya me complacería verlas llevar a cabo alguna de sus estrafalarias movidas—, convirtiéndose en piedra de escándalo social, especialmente para los jóvenes y los niños que todavía podrían llegar a fascinarse por unas tetas tan feas y unas naturalezas tan execrables. Es una moda proveniente de Rusia y Ucrania, donde parece ser que abundan sobremanera estas partidarias del Enemigo, ya que si Dios representa la vida, ellas, sirviendo a su señor, alientan la muerte como un derecho sagrado, seguramente porque las pobres ignorantes ni siquiera saben qué fuerzas están agitando, quién sabe si seducidas y abrumadas por su desmedida ansia de notoriedad. Nada anormal, por supuesto, en estas nuestras sociedades adocenadas, donde se permite que se pisotee como símbolo de su absurdo concepto de libertad a lo más sagrado para su propia esencia. No es una enfermedad del cuerpo lo que padecen estas infelices, ni siquiera una perturbación mental más o menos transitoria, sino del alma, así como esta misma enfermedad la padece cualquier persona que vea en ellas nada más que una excentricidad o una manía. La maldad y abyección de sus propuestas es de tal magnitud, que solamente deberían ser castigadas en Justicia con una severidad extrema, siquiera sea por convertirse en portadoras de una corrupción moral que infesta la sociedad y siembra el Mal en su sentido más abyecto, especialmente en los más jóvenes.

Tiempos extraños estos que vivimos, y que próximamente, como vengo anunciando, van a dispararse hasta la locura, llegándose al caos ante la permisividad de los indolentes y los tibios. La sociedad misma ya está enferma de un mal terminal, manifestándose incapaz incluso de defender con criterio aquello en lo que se sustenta; y, como no puede ser de otro modo, la ley natural debe cumplirse y como cualquier reino dividido está condenada a desaparecer. Así, pues, nada hay de raro en que estas descerebradas que merecerían un castigo ejemplar, precisamente como Dios manda, no sean siquiera una excepción de la modernidad, pues que incluso los políticos de nuestro país facultaron que una nena de 13 años —número satánico, para el que tenga alguna duda— pueda ser considerada legalmente como mayor de edad sexual, sin duda porque a sus señorías les va la marcha con los niños, o que una nena de 16 añitos, sin consultar siquiera con sus progenitores, pueda acceder a medicaciones criminales o abortar por las bravas, inducida, seducida o pervertida por una asistente social, en algo parecido a una misa negra satánica. Y es que, claro está, los poderes negros se han empeñado en que hay que ir desmitificando la carne e incluso el alma, a fin de proveer de culos y tetas el porvenir de las clases populares, algunas de las cuales formarán parte del dudoso elenco de «trabajadoras del sexo» —eufemismo por putas— en esos casinos mafiosos que los corruptos políticos y sus almas siniestras han concebido como futuro idóneo en comunidades autónomas como la de Madrid. Todo un servicio con alfombra roja para el Señor de las Tinieblas, su amo y dios: un holocausto de almas.

Lo peor de todo, es que ninguna de estas dos cosas son fenómenos aislados. En Europa ya hay registrados numerosos partidos y agrupaciones que promueven la legalización de la pedofilia incluso con bebés, y de todos los que tienen algún interes en saberlo, es sabido que en las grandes potencias, incluida nuestra Europa y algunos muy altos cargos, usan habitualmente a los niños de los centros de acogida, orfelinatos y Centros de Protección de Menores, como entretenimiento para sus «juegos» de carne. The Hell Kitchen, vaya, con la única diferencia de que a menudo esos niños luego son sacrificados, bien en rituales satánicos, bien simplemente arrojados al mar o desaparecidos. Algunos supervivientes de estas aberraciones impunes, y no hace tanto tiempo, terminaron suicidándose no solamente por causa de la inacción de las autoridades políticas cuando lo denunciaron —presumiblemente porque eran parte del pastel de pedófilos—, sino también porque en los mismos Centros en los que estaban recluidos como esclavos sexuales, ya metidos en harina los mismos funcionarios y directivos los usaban para su propio placer. Un hecho que saltó a los periódicos y las televisiones no hace tanto tiempo en los Estados Unidos, y un rumor que es mucho más que un rumor, en esta Sodoma que es Europa. Ver el otro día el gesto de asco de Barroso en Lampedusa, me revolvió el estómago. ¡Qué asquito de mundo el que están consiguiendo estos bárbaros desalmados.

Todos esto no es una cuestión de locura o de ignorancia puntual de algunos chalados, sino un plan perfectamente diseñado desde lo más alto de la sociedad. Se trata, para el que no se haya dado cuenta —aunque tiene evidencias sobradas considerando solamente los cargos que se presentan contra estos satánicos, si es que se presenta alguno—, de romper los esquemas tradicionales de las gentes, pervirtiéndolos a través del placer para arrastrarlos a lo más siniestro de sus credos tenebrosos. Los frikis son una de las herramientas usadas para lograr esto, idiotas útiles empleados por el Enemigo para ningunear lo más sagrado y establecer la confusión como orden primario, de modo que puedan lograr, cuando se alcance el caos que pretenden, un orden sencillamente satánico que terminará por parecerle a la población algo más aceptable que el casos mismo que los poderes negros habrán establecido. Y así será por una simple cuestión de instinto de supervivencia.

Siempre insisto mucho que no pueden considerarse los asuntos de cualquier índole como islas de verdad, sino que hay que retirarse un poco de la situación para contemplar el conjunto con perspectiva, considerándolo como un continente. Perderse en disquisiciones sobre el color del arma cuando se está presenciando un crimen, no deja ser propio de estúpidos. Utilizando este método que propongo, el rompecabezas comienza a tener sentido: la publicidad tiende al ensalzamiento de lo satánico; los logos, ya sean de empresas, cantantes o programas, se nhan instalado en lo satánico; las leyes, establecen lo satánico por cuanto ensalzan y dan cobertura a lo que ancestralmente ha sido considerado el Mal; los hechos de los políticos, incluyendo sus posturas ante la degradación humana tildándola de uso de la libertad, es puramente satánica, además que la mayoría de ellos militan en secas secretas o discretas de esta índole; el ensalzamiento de los vicios y perversiones como algo aceptable e incluso bueno para el individuo, es satánico; que lo único gratuito y superextendido de internet sean las perversiones, es satánico; la aceptación del aborto, el suicidio, la eutanasia y la eugenesia, son satánicos; acostumbrar a la población a que los genocidios de Occidente perpetrados en medio mundo son buenos y justos, es satánico; y que incluso se promuevan como buenas, filantrópicas y hasta culturales las tendencias luciferinas o directamente satánicas, es satánico. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos sumergidos en un baño de satanismo, parte de lo cual se percibe directamente y el resto se va infiltrando porque lo vemos a cada instante en todas partes: Ojos únicos que todo lo ven, treces, símbolos osíricos o de Horus, culto a Moloch, Baal y otras bestias, estrellas flamígeras o de cinco puntas, etcétera, cuando no directamente se legaliza la perversión, se la da cobertura institucional, y se promueve que la población se suba a ese carro que se dirige directamente al Infierno. Arrinconar a la población en el desempleo y la desesperación, y ofrecerle como única salida convertirse en putas o en payasos anormales, no es sino una simple técnica de los satánicos, especialmente por cuanto —lo repito una vez más— nunca, jamás, hubo crisis económica alguna.

Cada quien es muy dueño de considerar las cosas como le dé la gana, siempre que asuma las consecuencias de sus propios actos o creencias. La apuesta es clara: si el Mal existe, y de esto sí que no hay la menor duda, es que el Bien también existe; o dicho de otra forma, si el diablo existe, y parece ser que por el número de adoradores y sus actos así parece constatado, existe Dios, en cuyo caso bueno es que todos los que tomen partido por uno u otro, sepan que afiliarse a un bando significa dar la espalda al otro, y que una vez terminado el juego no hay posibilidades de rectificación, porque entonces será tarde. No valen posturas intermadias: o con o contra, nada más. Si Dios representa el amor, el diablo lo hace precisamente con lo contrario, con la animalidad más extrema, entendiéndose siempre que ni siquiera los animales tienen el grado de crueldad y perversión que alcanzan algunos humanos, como esos que han legislado para que quienes solamente tienen el medio de supervivencia de las calles, puedan ser multados, encarcelados o deportados, que no es sino una invitación enmascarada a que se suiciden por desesperación. Algo tan satánico como todo lo demás, por mucho que sean hipócritas que incluso vayan a misa o se nombren como cristianos. Por sus actos, y no por lo que dicen, les conoceréis.

Nunca me he considerado un cristiano al uso, pero tampoco soy un estúpido, y todas aquellas respuestas que no supieron darme los curas en aquel colegio salesiano del que fui expulsado por «rojo», me las están facilitando estos dementes que se están jugando algo más que el llegar a fin de mes o el tener cinco minutos de éxtasis con un quiqui. Allá cada quien, claro, pero bueno es que alguien, siquiera sea en un margen de Internet como este, lo ponga en negro sobre blanco y al alcance de todos. Repito: si el demonio existe, existe Dios, y si el demonio está usando las técnicas y métodos que suelen ser propios de su naturaleza, también la ley de Dios, por esto mismo, es la que es y está en correcto, de modo que el hábitat del diablo necesariamente ha de ser lo más horrible y el de Dios, justamente lo más hermoso. A partir de aquí podemos ser idiotas y hablar del color de la pistola mientras ignoramos el crimen y el sufrimiento, que es decir nos podemos concretar en las tonterías de la religión o en la riqueza o no de la Iglesia, y eso sería dispersar, considerar la realidad formada por islas, y no por un continente. Este mismo hecho, por su magistral simpleza, es igualmente satánico, pues que fuerza a considerar la parte y despreciar al todo, aunque esa misma parte que se considera no se comprenda. No sé cuánto placer se puede alcanzar con una conducta desviada o perversa, pero aún suponendo que fueran cien años de éxtasis permanente, que ya lo dudo, tal vez sería bueno que se considerara contraponerlo a cientos de miles de año sumergidos en el mayor de los sufrimientos, algo que tendo serias dudas que sea placentero, precisamente. A cada cual le toca definir qué partido elige y de qué forma prefiere entender la existencia, y más le valdría que para considerarlo se desvistiera de arrogancia, falsos credos insertados por los satánicos y hasta de sus propios pareceres mundanos respecto de lo que los demás puedan pensar o no sobre él, y que tratara de verlo como un asunto capital, tal vez el de mayor trascescendencia de su vida. Mucho es lo que puede ganar, y mucho es lo que se puede perder, de modo que hay que elegir entre algo tan obvio como felicidad o sufrimiento a límites extremos. No se trata de lo que uno quiera o prefiera creer o no, sino de lo que es no, porque ni la naturaleza de Dios ni la del diablo están sometidas a estos estúpidos criterios democráticos. Pero, en fin, cada cual es dueño de sus actos y señor de su libertad, y a cada quien le corresponde elegir un bando. No decidirse por ninguno, también es tomar partido por el equivocado. O con o contra.

Fte:http://extrarradios.es//product_info.php/products_id/1233?osCsid=ptqnss4jefi2iihoj9gm6in3p2

Esta entrada fue publicada en despertar y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s