La Navaja de Occam: o todos, o ninguno. Ángel Ruiz Cediel



No es verdad que no existan soluciones a los grandes problemas que padecemos como sociedad —desempleo, precios, desesperación—, sino que sencillamente no quieren aplicarse estas. Los políticos, no importa de qué partidos sean, solamente sirven intereses espurios o personales, o de otro modo esos problemas no existirían.

¿Es una lacra social y personal el desempleo?… Lo es, sí, sin duda. Probablemente la mayor de todas las lacras imaginables, y con toda seguridad la fuente de muchos y muy graves problemas subsiguientes. Un hombre necesita no solamente sostenerse, sino también la dignidad de saber que lo hace por sus propios medios o con sus propias manos. La autoestima, de no ser así, le conduce a ningunearse, a despreciarse y, en condiciones extremas, a caer en agudos estados de dolor existencial y autocompasión que, a menudo, le empujan al suicidio. Un hombre de más de cuarenta años que haya perdido su empleo, tiene pocas o ninguna oportunidad de encontrar otro, lo que equivale a una muerte lenta que no solamente le afectará a él, sino que también irá arrastrando consigo a cuantos le rodean. España, en este sentido, tiene más de cinco millones de personas que se encuentran en este estado, y al menos otras tantas que pueden considerarse así debido a sus condiciones laborales de subempleo. Un asunto que en absoluto es menor, pero que los gobiernos y las autoridades parecen delegar al «tiempo», como si eso fuera un asunto ajeno a sus deberes. «Ya lo harán otros», o «ya se recuperará el empleo cuando se arregle la situación internacional», parecen decir para justificar su inacción. Lo cierto es que hacer, no hacen nada, y lo tratan incluso como una cuestión electoral, ya sea para acusar al adversario de la cifra de desempleados, si es que están en la oposición, o ya a favor de quien gobierna, si están en el poder, apuntándose la posible disminución de ese número de seres condenados a la ignominia por su propia incompetencia, si es que espontáneamente la cantidad de trabajo ha aumentado o se han producido un mayor número de contratos, aunque estos sean eventuales, precarios y no obedezcan sino a una estacionalidad vegetativa. Pero, ¿tiene una solución real, práctica y viable este problema?…: y, sobre todo, ¿en qué plazo?… Bueno, pues debo afirmar con absoluta rotundidad que lo tiene, que es fácil de aplicar y que en un plazo máximo de un mes toda persona en edad de trabajar podría tener empleo fijo y bien pagado. La cuestión siguiente, es si eso causaría alguna clase de trastorno social o si se produciría a causa de alguna clase de revolución, y debería replicar que sí sería precisa una revolución, aunque esta de forma de entender las cosas pero sin violencia ni traumas, y que en no mucho tiempo supondría una mejora del estatus social de todo el país y de un mayor beneficio de todas las empresas y personas que conforman la nación. Entonces, ¿cuál es el problema para aplicarla?…: el concepto, el modo de entender la sociedad. 

Lo primero que hay que plantearse es lo elemental, y comprobar si nuestro concepto sobre ello está o no equivocado. Por ejemplo, ¿qué es el país?… No me refiero a una descripción como objeto, un elemento geográfico o un tipo de organización política, sino a qué es en realidad y qué implicaciones tiene. ¿Es el espacio que controlan unos pocos para enriquecerse de los demás, o es el espacio común de quienes lo habitan?… De ser este segundo espacio, es obvio que no debería tener más derechos un habitante que otro, y que, a imagen de una barca que con algunos supervivientes ha sobrevivido a un naufragio, o se salvan todos (tienen lo necesario) o no se salva ninguno. Así, pues, de la concepción del Estado o la Nación, surge todo lo demás. Lo lógico es considerar que el Estado es de todos, de modo que todos deben participar en lo que es el Estado, cada cual en la medida de sus posibilidades. No estoy afirmando que unos deban hacer más que otros, sino que “todos” deben aportar sus esfuerzos en la medida de «sus» capacidades individuales. En este sentido, el desempleo desaparecería solamente con el hecho de dividir los «beneficios» obtenidos en el PIB (Producto Interior Bruto), entre el número de desempleados existentes multiplicados por 10. Y esto debería hacerse cada mes. De este modo, obtendríamos un número muy concreto y exacto, al que podemos nombrar como “módulo de empleo”. Pongamos un ejemplo: Se ha obtenido en el país 4 millones de beneficios y hay 2 desempleados, de modo que el módulo es 0,2 millones — 4:(2*10)=0,2 —. Aplicando este “módulo de empleo”, significaría que, comenzando por las empresas o personas que hubieran obtenido mayores beneficios superiores a esos 0,2 millones, deberían estar obligadas a contratar a un desempleado, si fuera necesario llegando a la última y volviendo a comenzar si el volumen de beneficios permitiera nuevas contrataciones. Naturalmente, estoy hablando de compartir los beneficios, no las pérdidas; pero a todas luces es injusto que en el mismo país haya quienes se enriquecen inmoralmente mientras existan otros que padecen necesidades extremas o no tienen ingresos. Dicho en otras palabras, los que obtienen beneficios en un país reinvierten parte de esos beneficios en el bienestar de todos los nacionales de ese país. Consecuencia: cero desempleo. ¿Un hecho negativo?… No, en absoluto. De hecho, al no existir desempleo los gastos del Estado disminuirían de una forma notable y con ello disminuirían los impuestos, y al disponer todos los nacionales de recursos para el consumo, la actividad económica se incrementaría en muchas direcciones: mayor consumo, que supone mayor facturación por parte de las empresas, mayores posibilidades de innovación tecnológica, mayores posibilidades de fabricación avanzada, mayores rendimientos por unidad producida, mayores márgenes por abaratamiento de la producción, mayor estabilidad social, mayor seguridad social, mayor felicidad del país, y no por ello menos importante, menor carga de conciencia moral para quienes tienen mucho porque están haciendo lo que es justo. De este modo, con un mínimo esfuerzo en el arranque, que apenas si penalizaría el primer ejercicio de aplicación de esta medida, y solamente en cuanto a los beneficios porque quienes se han enriquecido lo harían menos en ese arranque, en todos los demás ejercicios subsiguientes, al disminuir la necesidad de aplicar esto mismo y tener que abonar menos impuestos porque conceptos de cotizaciones por desempleo y demás desaparecerían para siempre, sus beneficios de futuro aumentarían de una forma muy considerable, de forma que esto, más que un gasto, podría considerarse una de las más rentables inversiones que se podrían hacer. Corolario: todos ganan, desparece el sufrimiento por esta causa para siempre. 

Esta idea no es ninguna genialidad, sino una solución práctica y rentable debida a la aplicación lógica del bienestar, incluso si se quiere mirar desde una óptica muy egoísta o hasta codiciosa. Beneficia a todos, es simple, viable y práctica, y desde luego no es traumática. Existe por ahí un postulado con el nombre de su autor, llamado “La Navaja de Occam”, que afirma que de entre todas las soluciones posibles para un problema, la más factible de ser la correcta es la más simple”, y desde luego esta que propongo lo es. Y es un postulado aceptado como cierto por toda la ciencia, incluso en los ámbitos de la Economía. ¿Acaso la violencia social no está producida porque hay quiénes no tienen recursos y deben buscarse la vida, o por quienes tienen «exceso de tiempo libre» que usan indebidamente?… ¿Acaso no es un gasto excesivo y en absoluto improductivo el mantener a una legión de seres arrinconados en la tristeza y sin hacer o producir nada, excepto desesperación?… ¿Acaso no genera un enorme dolor social el que haya compatriotas que no disponen de recursos para sostenerse a sí mismos o a sus familias?… Considéralo. Imagina un país donde todos los nacionales dispongan de un empleo digno y bien retribuido: ¿no te llenaría de orgullo participar de eso?… En esa sociedad, quien delinquiera cuando tiene la posibilidad de obtener los recursos necesarios para su supervivencia trabajando, podría ser condenado con severas penas… de trabajo, que no sería sino reeducarlo para que se integrara en la comunidad de una forma responsable. No digo que sería una sociedad perfecta, ni mucho menos, pero sí que sería una sociedad más justa y estable de lo que lo es ahora, y nadie vería con malos ojos que este o aquel que han amasado una fortuna se embolsen un capitalazo, porque se lo han merecido: han participado lo mismo del respaldo a la sociedad que de los beneficios que han obtenido de ella. Un aplauso general a su capacidad e ingenio. Todos tendrían oportunidades, y hasta las empresas con muchos beneficios, al tener que sacarle partido a su eventual aumento de plantilla, tendrían más mentes pensantes que les facultarían para mejorar las líneas de negocio existentes y para idear otras nuevas que sin duda traerían nuevos y más enjundiosos beneficios al empresario.

No, no es ninguna genialidad esta idea, la cual ya expuse en alguna de mis novelas —como «La estirpe de Abaddona», por ejemplo—, sino algo que beneficiaría a la sociedad en su conjunto y haría desaparecer lo que sin duda es la causa del mayor sufrimiento de la población. ¿Por qué no se aplica?… Es obvio, que si a una persona torpe y sin grandes cualidades como quien firma esto se le ha ocurrido, también ha tenido que pasarse por la mente y la consideración de cerebros verdaderamente preparados para estos retos y aún mayores. La cuestión, es por qué no se ha aplicado o por qué no se aplica inmediatamente, y la única respuesta que se me ocurre es que porque se desea ese sufrimiento social. Puede parecer un contrasentido, pero la desesperación es uno de los grandes negocios de nuestro tiempo, y de ella viven muchos y lo hacen muy bien. Después de todo, vivimos en un orden de «puntos o focos de interés», pero en el que se pierde la perspectiva del conjunto. Por ejemplo, se persigue al defraudador, siendo a veces tan difícil porque hay que demostrar qué tiene y dónde lo esconde, entretanto se le consiente al que roba y este tiene los bienes a la vista. Hay personas que, como hemos visto por los famosos ERE de Andalucía, han hecho sus grandes fortunas atracando a los desempleados y sisando los recursos que el Estado usa para sus subsidios o su formación, y esos bienes los tienen a la vista de todo el mundo transformados en mansiones, coches de lujo y formas de vida que de ninguna manera podrían sostener con los ingresos «legales» que dicen tener. ¿No sería más fácil para el Estado controlar los haberes de quienes los tienen a la vista en vez de perseguir fantasmas por las calles oscuras?… Naturalmente, si ahora mismo Hacienda obligara a los propietarios de las grandes mansiones o de las urbanizaciones de lujo a que justificaran de dónde sacaron los recursos para adquirirlos, tendríamos una auténtica burbuja inmobiliaria por el número de casas que tendrían que expropiar, a la vez que habrían hecho la mayor redada delictiva de la Historia, atrapando a nueve de cada diez delincuentes de guante blanco… o de otro color. Es ahí donde deberían perseguir los delitos y no en la niebla de lo presunto. Cuestión de inteligencia, que no parecen desear aplicar quienes gobiernan. En fin, que el desempleo tiene solución, y esta es práctica, simple y perfectamente viable, luego si hay desempleo, es porque las autoridades quieren. Solamente por eso.

Fte : http:// http://www.angelruizcediel.es/rest/navaja.html

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